Caminando en el malecón
sin compañía aunque no solo.
Noche tibia en que las palmeras hablaban
y la gente reía alrededor.
El sol se ocultó bajo
una explosión color rojo
dejando a las nubes ensangrentadas.
Feliz de la vida saludé al vendedor de globos
Y sonreí.
Entonces escuché música, música de danza.
La música del verdadero México.
A veces alegre, otras triste.
Un espejo de la vida.
Ví salero y ojos relampagueantes;
movimiento, color, taconazos.
Verano de bailarines, primaveras de juventud.
Un río de música que cascabeleaba hacia el mar.
En ese momento se abrió mi corazón, no se porqué
Y las lagrimas saltaron ¿porqué será?
¿Porqué yo? ¿el extranjero?
¿Que fuerza es esta?
Las flores del verano me sonrieron
Como si supieran.
Pero seguramente eran demasiado jovenes
para comprender…
Fue de inmediato,
esta emoción de triste alegría.
No desconocida, pero sí arrasadora.
Tuve esperanza que nadie observara,
pero dentro de mi me regocijé
al sentirme parte de la danza.
Ser parte de esta antigua cultura..
Aunque solo una mínima parte..
¿Sería esta la magia antigua,
de música y movimiento.
De la vida, gente, amor y risas
al enfrentarse a la adversidad?
Giraban las faldas amplias
Un jardin bailando al viento.
El ritmo de nuevos pero viejos cuentos,
la cultura, el latir del corazón de México.
¡Despierten! ¡Despierten!, Pueblo Vallartense.
Ustedes que pertenecen a este lugar.
No es de los turistas.
Ustedes los orgullosos herederos
de la diversa cultura mexicana
Ustedes, los guardianes de esta cultura,
que se mueven al ritmo
de su música…instintivamente.
Esta gente joven son su historia y su futuro…
Dénle su apoyo… No solo sus aplausos.
Los foráneos se irán mañana.
Ellos no mantendran a sus danzantes..
La cuenta ¡está en sus manos!
¡Esta es SU responsabilidad!
David Garlick, Puerto Vallarta, March, 2000